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Abel Sánchez, Miguel de Unamuno

5,48  4,40  Imp. incluidos

    » Un joven norteamericano que prepara una tesis de doctorado sobre mi obra literaria me escribía hace poco preguntándome si saqué esta historia del Caín de lord Byron, y tuve que contestarle que yo no he sacado mis ficciones novelescas -o nivolescas- de libros, sino de la vida social que siento y sufro -y gozo- en tomo mío y de mi propia vida».

1911-02-01, A Águia, Portugal, Miguel de Unamuno, firma.svg

Una de las obras geniales de Miguel de Unamuno que subtituló «Una historia de pasión«. La pasión a la que se refiere es la envidia, que él mismo sintió en su época y cataloga como lepra nacional. Desde un estudio psicoanalítico se puede sugerir que la novela invita a la comprensión de una pasión muy unida al odio y a sentirse con derecho a algo, además de abrir la puerta al conocimiento de la envidia inconsciente.

Abel Sánchez se centra en la amistad de dos hombres desde su infancia y cómo la envidia mata esa amistad debido al afilado borde de la diferencia vivido como carencia, a pesar del triunfo económico de los personajes. Como diría Lacan, el deseo incolmable, pero en este caso el deseo de poseer los objetos de otro.

 

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Descripción

  «Al final de su vida atormentada, cuando se iba a morir, decía mi pobre Joaquín Monegro: «¿Por qué nací en tierra de odios? En tierra en que el precepto parece ser: “Odia a tu prójimo como a ti mismo.” Porque he vivido odiándome; porque aquí todos vivimos odiándonos. Pero… traed al niño.» y al volver a oírle a mi Joaquín esas palabras, por segunda vez y al cabo de los años -¡Y qué años!- que separan estas dos ediciones, he sentido todo el horror de la calentura de la lepra nacional española, y me he dicho: «Pero… traed al niño.» Porque aquí, en esta mi nativa tierra vasca -francesa o española es igual- a la que he vuelto de largo asiento después de treinta y cuatro años que salí de ella, estoy reviviendo mi niñez. No hace tres meses escribía aquí:

Si pudiera recogerme del camino 

y hacerme uno de entre tantos como he sido; 

si pudiera al cabo darte, Señor mío, 

el que en mí pusiste cuando yo era niño…! 

1911-02-01, A Águia, Portugal, Miguel de Unamuno, firma.svg